Outline of a crowd of angry people,
Con el último plenario del sábado aún en mente, donde las posiciones del bloque del Norte global y del sur en claro choque frontal y sin acuerdo a la vista, las perspectivas no son muy halagüeñas: “No es aceptable que esta COP no finalice con un plan concreto, como pasó en la tarde del sábado”, lamentaba la directora de CAN Europe. “Hay un montón de cifras sobre la mesa, y está habiendo muchas discusiones sobre cómo movilizar grandes sumas de dinero pero tenemos que recordar que esto no va de números, sino sobre gente, y una falta de dinero y acción supondrá efectos directos sobre personas y comunidades a lo largo de todo el mundo, indicaba por su parte Mattias Söderberg, de la organización humanitaria y de derechos humanos danesa DanChurchAid.
Un caballo de Troya infiltrado en la cumbre que debe salvar el planeta
“La primera semana de esta COP29 ha ido demasiado lenta y demasiado alejada de lo que debería ser”. Con esta frase resumía este lunes la directora de Climate Action Network (CAN) Europe, Chiara Martinelli, el trabajo realizado y el ambiente reinante en los primeros siete días de la Cumbre del Clima de Bakú. Su análisis de lo que que queda de cita, además, no resulta muy alentador: “No tenemos todavía ninguna indicación que diga que el resultado vaya a ser positivo”, señalaba en relación al Nuevo Objetivo Colectivo Global Cuantificado (NCQG), el punto clave de esta COP y el instrumento que debe suceder al Fondo Verde para el Clima para multiplicar los recursos que los países desarrollados, causantes históricos de la crisis climática, deberían entregar a los en desarrollo para poder hacer frente a la adaptación y mitigación del cambio climático.
Un punto que es clave para las organizaciones de la sociedad civil que han ido de observadoras a esta cumbre, y que es crucial para explicar el porqué de unas negociaciones que apenas avanzan, es la influencia que el lobby de los combustibles fósiles. Si la realización de la cumbre en un país petrolero por segundo año consecutivo no era suficiente mal augurio, la presencia de lobistas en Bakú parece haber subido de escala, algo de lo que ya venían alertando los colectivos preocupados por la inacción climática.
Semejante número supone, según el informe, más presencia de lobistas en la Cumbre que la suma de todos los delegados de las diez naciones más vulnerables a la crisis climática
Según un informe recientemente publicado por la coalición de organizaciones Kick Big Polluters Out (KBPO, Echemos a los grandes contaminadores), al menos 1.773 representantes de los diferentes grupos de presión ligados a la industria de los combustibles fósiles han obtenido acceso a la COP29 de Bakú, lo que supone una “presencia descomunal año tras año de contaminadores en las conversaciones cruciales sobre el clima”, advierte esta red de organizaciones.
Semejante número supone, según el informe, más presencia en la Cumbre que la suma de todos los delegados de las diez naciones más vulnerables a la crisis climática, que juntas suman 1.033 personas. Como señala Javier Andaluz, coordinador de Clima y Energía de Ecologistas en Acción, “estamos viendo una vez más una cumbre donde la influencia de los lobbies de los combustibles fósiles es altamente significativa”.
